domingo, 7 de junio de 2009


Reza tus oraciones, mi pequeño
y no olvides incluirnos a todos, hijo mío.
Deja que te arrope, que no pases frío,
alejado del pecado,
hasta que venga el hombre de los sueños.

Duerme con un ojo abierto,
agarra tu almohada con fuerza.
Adiós a la luz,
que entre la noche
Partamos a la tierra de Nunca Jamás.

Algo va mal, apaga la luz
Pensamientos profundos que no son puros como la nieve.
Sueños de guerra, sueños sobre mentirosos,
sueños violentos
y de cosas que te morderán.

Duerme con un ojo abierto,
agarra tu almohada con fuerza.
Adiós a la luz,
que entre la noche
Partamos a la tierra de Nunca Jamás.

Ahora que me voy a dormir,
al Señor le pido que cuide de mi alma.
Y si muero antes de despertar,
al Señor le pido que tome mi alma.

Calla, pequeño, no digas más,
y no te preocupes por ese ruido.
Es sólo la bestia que yace bajo tu cama,
en tu armario, en tu mente.

Adiós a la luz,
que entre la noche.
Un grano de arena…

Adiós a la luz,
que entre la noche.
Toma mi mano.
Partimos a la tierra de Nunca Jamás

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